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Ayrton Senna. Preludio en dos actos y un final

Un relato de El Abuelete del M3 - 3 enero 2013

Primer acto: GP de Brasil, 27 de Marzo de 1994

Pese a todo, antes de llegar a Interlagos, Senna se mostraba en público esperanzado en obtener nuevos triunfos y el brasileño manifestaba buenas dosis de confianza en algunas de sus declaraciones previas al primer Gran Premio de 1994. “Mi meta es ganar un determinado número de carreras este año y dar el máximo de mí mismo. Mi motivación es la búsqueda de la perfección, en un intento de dar siempre más”. Senna remataba su porción de optimismo comentando que “si al final del año soy tan feliz como lo soy en este momento, habrá sido un buen año, profesional y personalmente”.

Ante sus compatriotas pudo comprobar que su empeño no iba a resultar fácil, pues el Williams-Renault FW16 se mostraba tan potente como incómodo de pilotar. Era rápido para alcanzar la primera “pole” de la temporada, pero imposible sentirse confiado a sus mandos en carrera.

Al mismo tiempo, el joven Michael Schumacher (Benetton) amenazaba con ser una nueva pesadilla en la temporada, colocándose en segunda posición de parrilla a solo 0,3 segundos del tiempo marcado por el brasileño. El tercero era Jean Alesi (Ferrari), distanciado 1,4 segundos de la “pole” y el cuarto era Damon Hill (Williams), a 1,59 segundos de su compañero de equipo.

Una buena salida permitió a Senna mantenerse por delante del Benetton de Schumacher, pero su primer paso por el “pit” para repostar y cambiar ruedas resultó demasiado lento y el alemán lo aprovechó para situarse en cabeza.

Aquello no era lo deseado y la respuesta del brasileño ante su público fue una persecución en la que llegó a rodar hasta dos segundos por vuelta más rápido que su compañero de equipo, Damon Hill.

En la vuelta 51, venciendo todas las dificultades de una posición incómoda dentro del estrecho Williams, su empuje le había acercado a Michael Schumacher lo suficiente para pensar en darle alcance, pero un largo trompo en la curva “Junçao” le llevó al abandono. Primer acto y primera decepción.