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La sonrisa de Ricciardo. GP de China 2018

Un relato de El Abuelete del M3 - 16 abril 2018

Dice el proverbio que “ríe mejor quien ríe el último” y Daniel Ricciardo lo ha vuelto a hacer en el GP de China 2018, la tierra de los proverbios, contagiando su sonrisa a todos en Red Bull, en un tiempo en el que el equipo austriaco duda si, en un futuro próximo, serán los motores Tag Heuer-Renault o los propulsores Honda que se desarrollan ahora en Toro Rosso los que les llevarán de nuevo a las victorias.

Parecían no contar para ello hasta que, afortunada paradoja, una colisión entre los Toro Rosso de Brendon Hartley y Pierre Grasly obligaba al “Safety Car” a entrar en pista en la vuelta 31, siendo Daniel Ricciardo y Max Verstappen los que aprovechaban para realizar una segunda monta de neumáticos en su Red Bull RB14.

La maniobra le daría al “aussie” aún más alas que las que producen las burbujas energéticas para volar en pos del triunfo y al holandés Verstappen para aumentar la fama de niño malcriado, o algo aún más explícito con la que algunos de sus rivales ya le distinguen.

Nada de lo ocurrido en las jornadas anteriores permitía adelantar el pronóstico, porque nada importante habían conseguido en los libres ni en la “Qualy”, donde el bólido de Daniel Ricciardo había tenido que solucionar problemas de cambio con apenas tres minutos de margen para poder participar en ella.

 

 

 

 

 

Tras el comienzo arrasador de Sebastian Vettel (Ferrari) en el GP de Australia y GP de Bahrein 2018, su nueva “pole” del sábado sobre el trazado chino, con Kimi Räikkönen completando la primera fila de parrilla, parecía confirmar que Ferrari va en serio en su disputa de la primacía.

La pareja del equipo Mercedes ocupaban la segunda línea, con Valtteri Bottas por delante de un Hamilton extrañamente desmotivado.

Tras ellos se situaban los dos Red Bull de Max Verstappen y Daniel Ricciardo, confirmando el orden natural de las fuerzas en disputa.

El 7º lugar de Nico Hülkenberg, poniendo su Renault por delante de Sergio Pérez (Force India), dejaba para su compañero Carlos Sainz Jr el 9º lugar de salida, emparejado en la 10ª posición de arranque con Romain Grosjean (Haas).

Con el sol brillando como pocas veces en este cielo de China, al que la lluvia y la polución vistieron de gris tantas veces, comenzaba el Gran Premio, lanzado vertiginosamente hacia esa curva del “Ying-Yang”, tan difícil de superar sin incidentes.

 

 

 

 

 

En la arrancada, Kimi Räikkönen (Ferrari) presionaba a su compañero Sebastian Vettel (Ferrari), pero el alemán le cerraba la puerta y Valtteri Bottas (Mercedes) aprovechaba la maniobra para arrebatarle la segunda posición.

Un comienzo tan ordenado hacía prever una carrera soporífera en la cabeza y con escasas disputas en la mitad del pelotón, donde Fernando Alonso (McLaren) intentaba rebasar sin éxito a Romain Grosjean, impulsado por el potente motor Ferrari de su Haas VF-18.

Separados por escasos segundos, los dos Red Bull de Max Verstappen y Daniel Ricciardo hacían su primera parada en “Pit” en la vuelta 17, sin que nada hiciera presagiar lo que vendría después (todos los “pit stops”).

Sería en la vuelta 20 donde los estrategas de Mercedes llevaban a Valtteri Bottas a realizar un “under cut” que lo situaba por delante de Sebastian Vettel (Ferrari), dejando provisionalmente en cabeza a Kimi Räikkönen (Ferrari).

Kimi realizaba entonces una labor de equipo, ralentizando la marcha para propiciar la llegada de Vettel sobre Bottas y propiciando que todo volviera a la “normalidad”, aunque Lewis Hamilton (Mercedes) dejaba claro que no se encontraba en condiciones de luchar en esta batalla.

 

 

 

 

 

Cuando Räikkönen entraba a cambiar sus neumáticos, era Bottas quien pasaba a liderar la carrera. La estrategia de Mercedes a una parada parecía estar funcionando… hasta que llegó lo inesperado.

Si este viejo aficionado fuera más desconfiado llegaría a sospechar algo extraño, recordando aquel episodio de Fernando Alonso y Renault bajo los focos del GP de Singapur 2008, pero no quiero ser maquiavélico.

Habrá sido el azar el que, aprovechando el encontronazo de los dos Toro Rosso (que convertían el asfalto en un sembrado de piezas de fibra de carbono), obligaba al director de carrera a sacar el “Safety Car” en la vuelta 31.

Cuando el vehículo de seguridad se retiraba en la vuelta 35, es cuando comenzaba realmente a disputarse un Gran Premio de China trepidante.

Los dos Red Bull, hermanos mayores de los Toro Rosso causantes del estropicio, aprovechaban el paréntesis para cambiar por segunda vez sus neumáticos y lanzarse a fondo con gomas nuevas de compuesto blando (sus principales rivales montaban compuesto medio en ese momento).

 

 

 

 

 

Dos vueltas eran suficientes para que Ricciardo (Red Bull) diera alcance a Kimi Räikkönen (Ferrari) y le superara al final de la larga recta del circuito de Shanghái, colocándose así cuarto mientras se adivinaba la sonrisa tras la visera de su casco.

Las gomas nuevas dan alas de verdad y con la misma determinación adelantaba el “aussie” a Lewis Hamilton (Mercedes). Las vueltas rápidas caían tan deprisa que, solo dos giros después (vuelta 41), Daniel Ricciardo (Red Bull) superaba a Sebastian Vettel (Ferrari) y Max Verstappen (Red Bull) adelantaba a Lewis Hamilton (Mercedes).

Semejante superioridad llevaba a Max Verstappen a llevarse literalmente por delante a Sebastian Vettel, cometiendo un nuevo error que contribuye a arruinar su propio prestigio y justificaba el castigo de 10 segundos de penalización impuesto por los comisarios deportivos.

El incidente arruinaba la carrera del piloto de Ferrari, que envuelto en una nube de goma quemada dañaba en exceso los neumáticos traseros cuando trataba de volver a la prueba y se veía superado por sus rivales.

En la vuelta 44, Daniel Ricciardo (Red Bull) ya era líder, superando a Valtteri Bottas (Mercedes) en ese endiablado “Ying- Yang” de final de recta que permite decidir las victorias con su retorcido trazado.

 

 

 

 

 

Pero también había otro cazador que iba a lucir sonrisa y colmillo en la disputa. Se trataba de Fernando Alonso, llevando el McLaren al límite de su modesto rendimiento y escalando posiciones hasta situarse a la espalda de Sebastian Vettel (Ferrari) para arrebatarle la séptima plaza.

En una arriesgada maniobra, Alonso le metía el coche a Vettel en esa enroscada primera curva, aprovechando las dificultades evidentes del Ferrari para defenderse (con el fondo plano dañado, problemas en la dirección y los neumáticos muy degradados).

Discreto resultado para Carlos Sainz Jr (Renault), que volvía a situar su monoplaza en los puntos pero quedaba nuevamente por detrás de su compañero de equipo, Nico Hülkenberg (Renault).

Con esta merecida victoria, Daniel Ricciardo (Red Bull) volvía a sonreír mientras renovaba en el podio el rito de triunfos anteriores y llenaba su bota con un champán que, mezclado con el sudor del esfuerzo, habrá tenido el sabor del elixir de los dioses para él y para todo su equipo.

CLASIFICACIÓN FINAL GP DE CHINA 2018

1º Daniel Ricciardo (Red Bull-Tag Heuer Renault), 56 vueltas en 1 h 35 m 36,4 s

2º Valtteri Bottas (Mercedes), a 8,9 s

3º Kimi Räikkönen (Ferrari), a 9,6 s

4º Lewis Hamilton (Mercedes), a 16,9 s

5º Max Verstappen (Red Bull-Tag Heuer Renault), a 20,4 s

6º Nico Hülkenberg (Renault), a 21,0 s

7º Fernando Alonso (McLaren-Renault), a 30,6 s

8º Sebastian Vettel (Ferrari), a 35,3

9º Carlos Sainz Jr (Renault), a 35,8 s

10º Kevin Magnussen (Haas-Ferrari), a 39,6 s

NOTA: Max Verstappen (Red Bull) sufría una penalización de 10 segundos por golpear a Sebastian Vettel (Ferrari).

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