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El Porsche 911 Turbo que viajó en el tiempo

Escrito por: Víctor M. Fernández - 28 abril 2020

Cuando el primer Porsche 911 Turbo fue presentado en el Salón de París de 1974, lo último que podía haber imaginado la marca alemana es que había nacido todo un icono en la historia del automóvil.

El motivo de su desarrollo y venta no se encontraba en fines comerciales, sino en la necesidad de fabricar al menos 400 unidades de un nuevo modelo turboalimentado para poder homologar las versiones de competición en Grupo 4 (Porsche 934) y Grupo 5 (Porsche 935).

Así nacía el primer Porsche 911 Turbo (conocido internamente como Porsche 930), que en su versión de calle contaba con un motor 3.0 de seis cilindros bóxer que desarrollaba 260 CV a 5.500 rpm y era capaz de alcanzar una velocidad máxima de 250 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en 5,5 segundos.

Para que nos hagamos una idea del potencial de aquel coche en el momento de su aparición, a mediados de 1970 eran pocos los coches capaces de bajar de 10 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h y un Ferrari 308 GTB de 255 CV empleaba en torno a 6,5 segundos en el intento.

Su provocador aspecto (con aletas ensanchadas y un llamativo alerón trasero “cola de ballena”) e imponentes prestaciones no pasaron desapercibidas para Bill MacEachern, que en 1975 tomó la decisión de formalizar la compra de uno de los primeros Porsche 911 Turbo, con el que ha recorrido nada menos que 779.000 millas (1.254.000 kilómetros) desde entonces, la distancia que necesitaríamos para viajar tres veces hasta la Luna (a 384.400 km) o dar treinta y una vueltas completas a la Tierra (con 40.075 km de circunferencia).

“Cuando era joven tuve un Oldsmobile 442 V8 (330 CV) que me gustaba mucho, pero tenía tacto de camión al conducirlo”, comenta MacEachern. “En 1970 me senté por primera vez al volante de un Porsche 911 T de color rojo y no me podía creer que aquel coche fuera tan ágil y equilibrado”.

Así nació su pasión por los deportivos fabricados en Zuffenhausen y poco después adquirió su primer Porsche 911 de color plateado. “Cuando Porsche puso a la venta en Canadá el nuevo Porsche 911 Turbo, lo tuve claro, era éste o ninguno”.

 

 

 

 

 

Desde la compra de aquel primer Porsche 911 Turbo hasta nuestros días, nada menos que siete generaciones de 911 Turbo han contemplado la evolución de este poderoso deportivo, pero Bill se ha mantenido fiel a su “viejo” compañero turboalimentado, convertido ya en un icónico “clásico” capaz de girar todas las cabezas a su paso.

Más de cuatro décadas al volante de un modelo tan excitante como el Porsche 911 Turbo escriben muchas aventuras en su “cuaderno de bitácora” y establecen un vínculo entre el hombre y la máquina imposible de olvidar para su entusiasta propietario.

1975 – Un Porsche 911 Turbo en plena crisis del petróleo

En 1973 se formaban largas colas en las gasolineras, a causa de la creciente crisis del petróleo provocada por la escasez de crudo. Mientras muchos propietarios pensaban en cambiar a coches más pequeños, Bill formalizaba en otoño de 1975 la compra de un nuevo Porsche 911 Turbo de color “Midnight Blue” (“Azul de media noche”), con tapicería de piel, asientos deportivos y diferencial autoblocante.

El propio vendedor intentó hacerle cambiar de opinión, argumentando que sería mejor elección un 911 con menor potencia, pero “en aquel momento pensaba que quizá fuera la última oportunidad de comprar un deportivo tan maravillosamente insensato y radical”.

1976 – El viaje da comienzo (23 kilómetros)

En mayo de 1976, el Porsche 911 Turbo de Bill es transportado por avión desde Alemania a Canadá. El número de serie lo identifica como la unidad 350. Cuando MacEachern ve por primera vez su Porsche en el aeropuerto, se lleva un buen susto. “Parecía tener el color equivocado”. Pero no, estaba todo en orden. “Una fina capa de polvo que cubría el coche fue la que me despistó”. Daba comienzo un largo viaje que aún continúa hoy.

1976 – La fiebre de las carreras (6.245 kilómetros)

“Mi primer viaje largo me llevó, a través de Ontario y Québec (Canadá), hasta una carrera Trans-Am en Trois Rivières”, en la que George Follmer se proclamó vencedor en un Porsche 934 Turbo RSR Grupo 4. MacEachern le había cogido el gusto a las carreras.

Tras esta excursión de fin de semana comenzaba un peregrinaje a numerosos circuitos de Norteamérica y, en las décadas siguientes, recorrería con su Porsche 911 Turbo cientos de miles de kilómetros en viajes a Sebring y Palm Beach (Florida), Road Atlanta (Georgia) o Lime Rock y Watkins Glen (Nueva Inglaterra). Bill atravesaría EEUU en cinco ocasiones para presenciar también la legendaria Carrera Histórica de Monterrey (California).

1978 – La siguiente generación (13.800 kilómetros)

Su hijo Craig comienza a trabajar en el negocio familiar, del que hoy es el máximo responsable. Ese mismo año, el segundo hijo de MacEachern, Brian, viaja con el piloto canadiense Ludwig Heimrath a Ciudad de México, donde este último participará con un Porsche 935 en una carrera que termina ganando. Brian vuelve entusiasmado. La fiebre del padre por las carreras ha pasado a la siguiente generación.

1981 – Lazos de familia (88.713 kilómetros)

“En 1981, mi hijo Brian participó en una carrera por primera vez”, cuenta el orgulloso padre. Confiesa que entonces ya había tomado una importante decisión: su querido 911 Turbo debía permanecer en posesión de la familia cuando él ya no estuviera.

2006 – Muchas aventuras juntos (641.312 kilómetros)

Treinta años después, el Porsche 911 Turbo de Bill MacEachern había superado ya de largo el medio millón de kilómetros, lo que supone una media aproximada de 21.000 kilómetros al año.

Pero no siempre funcionaba todo a la perfección. Durante un viaje a Monterrey (California) se rompía la polea del ventilador. “En el sur de Oregón era imposible encontrar un recambio”, recuerda MacEachern. “Pero di con un taller que soldó la polea defectuosa. Así, pude llegar a tiempo para presenciar las carreras”.

2009 – Un pequeño accidente (850.000 kilómetros)

El tiempo pasa y Bill dedica todavía más tiempo a viajar con su Porsche 911 Turbo de 1976.

En plena ruta, nuevamente hacia Monterrey (California), un SUV choca contra su Porsche, abollando una aleta, dañando un brazo de suspensión y rompiendo el eje de transmisión. MacEachern y el conductor del otro coche observan el maltrecho 911 cuando pasa por allí una camioneta Volkswagen. “¿Le conoces?”, pregunta MacEachern. “Es Eric. Tiene un taller de Volkswagen”, responde.

El 911 Turbo llegaría allí poco después para, en un abrir y cerrar de ojos, estar de nuevo en condiciones de salir a la carretera, consiguiendo así llegar a las carreras de Monterrey tras 30 largas horas de travesía.

2012 – Celebrando 1.000.000 de kilómetros

“Cruzamos la barrera del millón de kilómetros mientras íbamos de camino a la feria de vehículos clásicos de Hershey (Pensilvania)”, cuenta

MacEachern. “De vuelta a Toronto brindamos por ello”.

2017 – El coche de diario (1.166.386 kilómetros)

Bill MacEachern continúa conduciendo su querido coche casi todos los días y no hay un solo deportivo moderno que le invite a jubilar su Porsche 911 Turbo 3.0 de 1976.

2020 – Suma y sigue… el viaje continúa (1.253.584 kilómetros)

El odómetro del Porsche 911 Turbo actualmente muestra alrededor de 779.000 millas (1.253.584 kilómetros). Y la cifra sigue subiendo.

“El 930 era y sigue siendo una máquina increíble, un verdadero referente en sus versiones de carreras y de calle. Conducir uno, todavía hoy, es una emoción única”.

El éxito comercial del Porsche 911 Turbo 3.0 (260 CV) llevó a la marca de Stuttgart a fabricar un total de 2.819 unidades (de las 400 inicialmente previstas) entre 1975 y 1977, convirtiéndose en uno de los coches más deseados del momento y en un verdadero icono en la historia de los deportivos.

Porsche aprovecharía el tirón alcanzado por aquel poderoso modelo para introducir el Porsche 911 Turbo 3.3 en 1978, una evolución del Porsche 930 con mejoras en la suspensión, frenos más potentes y la cilindrada del motor bóxer incrementada hasta los 3,3 litros (ahora con “intercooler”), desarrollando así una potencia máxima de 300 CV a 5.500 rpm que le permitían alcanzar una velocidad máxima de 260 km/h y experimentar sensaciones al volante simplemente “salvajes”.

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