Síguenos

Gilles Villeneuve, el príncipe sin corona. Parte 4 FIN

Un relato de El Abuelete del M3 - 22 febrero 2021

La “traición” de Pironi en Imola

Tras el temprano abandono de Alain Prost al comenzar el GP de San Marino 1982, el potente motor Renault-Gordini V6 1.5 Turbo del monoplaza de René Arnoux (Renault) comenzaba a arder en la vuelta 44 y el piloto francés debía abandonar una carrera que lideraba, dejando a los dos pilotos de Ferrari al frente de la lucha por la victoria.

Los “tifosi” italianos enloquecían entonces ante el duelo de furia que protagonizaban los dos monoplazas del “Cavallino”, con ambos pilotos en posición de culminar un brillante doblete para la Scuderia italiana.

Una vez fuera de carrera sus principales adversarios de Renault (Prost y Arnoux) y con los perseguidores a una cómoda distancia (Michele Alboreto estaba en P3 a más de un minuto), las órdenes de equipo parecían entrar en juego para asegurar esas dos primeras posiciones de podio.

En la vuelta 55, con Didier Pironi (Ferrari) liderando en ese instante la carrera y Gilles Villeneuve (Ferrari) pegado a su estela, los integrantes del equipo mostraban a sus pilotos las pizarras con unas indicaciones que parecían claras: “GILLES 1 SLOW, DIDI 2 SLOW” (“Gilles 1 despacio, Didi 2 despacio”), con el fin de fijar las posiciones definitivas, ralentizar el ritmo para evitar un posible abandono por avería mecánica y asegurar así el triunfo de la marca italiana.

Con la intención subliminal del equipo de no asumir riesgos innecesarios, Villeneuve interpretaba el mensaje como un afianzamiento de posiciones, pero su compañero Pironi seguía luchando por el liderato vuelta tras vuelta.

Villeneuve piensa que es parte de un espectáculo consensuado con Pironi para animar a los “tifosi” e intercambia la primera posición con su compañero de equipo en varias ocasiones, creyendo que va a respetar las posiciones marcadas por el equipo.

En aquellas últimas vueltas del GP de San Marino 1982, ambos pilotos iban a protagonizar una lucha fratricida en la que intercambiaban la primera posición en numerosas ocasiones, con espectaculares adelantamientos al límite que hacían subir la tensión a los directivos de Ferrari, incrédulos ante la rivalidad extrema de sus dos pilotos luchando por la victoria.

Mientras tanto, el baile de pizarras es frenético en el muro de bóxes y el equipo intenta desesperadamente calmar el ímpetu de ambos pilotos, con indicaciones constantes de reducir el ritmo (“SLOW”).

A Gilles le sorprende que Didier se muestre nervioso, incluso agresivo en varios puntos del trazado, pero sigue pensando que se trata de un juego, aunque Pironi no piensa lo mismo. El piloto francés lleva tiempo aspirando al triunfo y se siente con posibilidades de ganar la carrera, desobedeciendo las órdenes de equipo (nunca sabremos si realmente lo hizo de forma consciente o fue un malentendido por su parte).

Villeneuve se pone en cabeza en la penúltima vuelta, pero Pironi, lejos de aceptar el protocolo, arriesga a fondo la mecánica para volverle a arrebatar la primera posición a Gilles en el último giro, tapando a su compañero todos los huecos para evitar que le adelante y cruzando así como vencedor bajo la bandera de cuadros (su primera victoria con Ferrari).

Es difícil saber hasta qué punto, en el box de Ferrari, con los medios de la época, pudieron llegar a controlar el comportamiento de cada uno a través de las telemetrías. Si lo hicieron fue un secreto que se quedó en casa bien guardado.

Según declaraba el contrariado Villeneuve al acabar la carrera, “cuando ves la indicación “DESPACIO” (“SLOW”) significa mantener la posición. Esto ha sido así desde que estoy en Ferrari”.

No lo entendía así el exultante vencedor. Para Didier Pironi, “DESPACIO (“SLOW”) significa tener cuidado y no chocar, pero no había restricciones para adelantar”.

Sobre el podio, el francés Didier Pironi celebraba con champán el resultado de su “traición”. A su lado, Gilles Villeneuve tiene la mirada perdida en el horizonte… no sonríe… no se exalta… quizá solo pensaba ya en la revancha.

En lo sucedido aquel 25 de Abril de 1982, sobre el vertiginoso circuito italiano de Imola, han querido ver algunos cronistas de la época el germen y primer motivo de lo que vendría dos semanas después, en la tragedia de Zolder.