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A Montecarlo con Seis Peniques y los «Taxis». Parte 1

Un relato de El Abuelete del M3 - 16 enero 2013

La lucha de pilotos comienza en los años 70

A mediados de los 70, el Rallye de Montecarlo era una durísima prueba con la que habitualmente daba comienzo el Mundial de Rallyes, hacia la última semana de enero.

Hasta la edición de 1977 eran las marcas las que disputaban un Campeonato de Constructores y, solo a partir de aquel año, se añadieron a los resultados los nombres de los que llevaron las victorias a las marcas, con el Campeonato Mundial de Pilotos.

Figuras como Sandro Munari y Bernard Darniche, con Lancia Stratos; Andruet y Markku Alen, con Fiat 131 Abarth; Ove Andersson con Toyota Celica 2000 GT; Waldegard, Clark y Vatanen, sobre aquellos irrompibles Ford Escort 1800 RS o un joven Walter Röhrl, con Opel Kadett GTE, vieron reconocido su esfuerzo, seguidos y perseguidos en sus hazañas por una auténtica jauría de pilotos franceses, italianos, nórdicos e incluso españoles.

Antonio Zanini y Salvador Cañellas, pilotos oficiales de “SEAT Competición”, junto a Salvador Serviá (solo con sus propios medios), fueron los tres españoles que llegaron a escribir alguna de las primeras páginas realmente importantes de nuestro deporte sobre sus “Taxis” SEAT 124-1800.

Con menos medios, pero igual o superior entusiasmo, otros pilotos españoles se aventuraban también cada año a tomar la salida hacia el Rallye Montecarlo desde Almería, un lugar remoto de esa Europa “oficial” a la que aún no pertenecía nuestro país en los años 70.

Tan remoto como otros puntos de partida (Lisboa, Francfort, Estocolmo y Moscú) o las más cercanas París y Roma, raro capricho de la organización que obligaba a tediosas etapas de concentración, quizá con la secreta esperanza de disuadir por el camino a los atrevidos “outsiders”.

Pertrechados de ilusiones, ruedas claveteadas en la baca del techo, infiernillos sobre la redecilla y algún jamón (más o menos “pata negra”) colgando de las barras antivuelco y untando con su grasa los cascos y la ropa, los de “infantería” iniciaban la aventura en paralelo con otros algo mejor equipados de asistencia.

Eran estos, pilotos habituales de las pruebas nacionales que, con algún patrocinador o su propio dinero, disponían ya de un vehículo de asistencia, donde el mecánico de confianza o la propia novia o esposa daban cobertura logística a su temeridad. Este era el caso de “Rizos” Muñoz, Juan Gemar “Crady”, Amadeo Rottier, Beny Fernández, Estanislao Reverter y algún otro distraído en mi memoria.

Todavía faltaban muchos años para que apareciera en escena nuestro Carlos Sainz, pero os aseguro que aquellos pilotos que supieron llegar en la edición de 1977 (Zanini-Petisco 3º; Cañellas-Ferrater 4º y Serviá-Sabater 7º) hicieron vibrar de emoción a este “Abuelete del M3” que en aquel tiempo, con 36 años, no era tan viejo.